Fuera de Tono

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Por: Teresa Cardona

Son seis los programas que se tambalean en la Universidad de Puerto Rico ante una torre débil y cimentada por los grandes intereses y la filosofía de ver la educación como un producto a la venta. Dentro de estos programas se encuentra el Departamento de Música y su bachillerato en arte.  “El conocimiento es poder y el arte es importante para llevar a cabo la educación y la transmisión de conocimientos”, nos dijo convencido Christian Tonos, estudiante de música.

Este estudiante de 23 años fantaseó con entrar a Berklee College of Music hasta darse cuenta que su interés le pertenecía a los géneros latinoamericanos y que su accesibilidad iba a la par con el sistema de la Universidad de Puerto Rico. Entró al Departamento de Música por la Facultad de Humanidades para estudiar la voz como instrumento técnico y, ya completados esos cursos, dirige sus demás clases a las artes percusivas. Christian recalcó que es precisamente el factor universal de su preparación lo que suma a su talento y lo hace ser un músico cada vez más capacitado. Estudiar música desde la Facultad de Humanidades incluye en su currículo arte, literatura, lenguas y filosofía, lo que él entiende refuerza el programa y crea una unión entre las artes. ¿Resultado? Un artista bien informado, capacitado para leer música y con la habilidad de moverse dentro de la composición de este arte en todos sus niveles.

Recientemente el departamento anunció entrar en moratoria y hasta posible cierre dado a que no cumple con los estándares de tasa de graduación requerida por la universidad. Son estándares que la universidad estipula y cada cierto tiempo evalúa para mejorar, fortalecer o eliminar programas. El problema redunda en que el programa corre riesgo por una información que data de hace nueve años atrás. Post 2008 se consiguieron fondos para instrumentos, se afinaron los pianos y se habilitaron salones que hoy funcionan como espacios de estudio. Junto con esto, el informe del director del departamento, el doctor Ernesto Alonso, en donde comunica las deficiencias que él mismo había identificado en el programa; cambio de libros, una evaluación actualizada del currículo y una oferta académica que acomode a los profesores en sus clases según su especialidad y entrenamiento.

“¿Cómo nosotros podemos hacer que el departamento de música sea más atractivo? Permítanos demostrarlo. Que se demuestre en tiempo, a través de un análisis que no sea solo cuantitativo, sino cualitativo”. Los estudiantes se encargaron de llevar a cabo distintas actividades musicales en los días del paro universitario y los de la huelga. En todas mis visitas al recinto de Río Piedras durante esos días pude disfrutar del junte de bomba en algún portón, de bandas que performearon solidarias para distintas actividades, de la excelente producción, la regiduría de los estudiantes en huelga y hasta de El Coro de la Universidad cerrando con el himno al Alma Máter.

Esto es una situación que tocaría a muchos estudiantes. No sólo a la matrícula de música, sino a la cantidad de estudiantes que participan y se benefician de formar parte de agrupaciones musicales de la universidad. ¿Resultado? Jóvenes sin acceso a estudiar lo que anhelan, profesores preparados dando cursos electivos, profesores contratados y artistas de renombre internacional que harían la cola en la fila de desempleo del país.

Christian, quien ya costea sus estudios con su trabajo como músico, producto de la Escuela de Artes del Municipio de Trujillo Alto, del programa de música del Colegio San Antonio y del Conservatorio de Artes del Caribe, se entristece ante la pregunta de qué pasaría ante el cierre del departamento: “Mi sueño es trabajar en lo que a mí me apasiona… ¿Por qué yo tengo que gastar miles y miles de dólares si mi educación es un derecho, no un privilegio?” Yo concuerdo con Christian, yo tampoco quiero vivir en un país así.

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